Un público objetivo es un grupo definido de personas u or­ga­ni­za­cio­nes al que una empresa quiere llegar con su oferta o sus mensajes de marketing. Conocer bien a quién se dirige es fu­n­da­me­n­tal para co­me­r­cia­li­zar con éxito sus productos o servicios.

De­fi­ni­ción: ¿qué es un público objetivo?

Un público objetivo es un grupo de personas al que una empresa dirige un producto o servicio. Sus in­te­gra­n­tes comparten de­te­r­mi­na­das ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas, por ejemplo, re­la­cio­na­das con la edad, el género o el co­m­po­r­ta­mie­n­to de compra. A partir de estos rasgos comunes pueden extraerse co­n­clu­sio­nes sobre sus ne­ce­si­da­des, ex­pe­c­ta­ti­vas y la forma más adecuada de co­mu­ni­car­se con ellos. Por eso, definir el público objetivo es fu­n­da­me­n­tal para el marketing y, en su caso, también para la es­tra­te­gia de co­n­te­ni­dos de una empresa.

¿Para qué se necesita un público objetivo?

Conocer a quién quieres dirigirte es es­pe­cia­l­me­n­te im­po­r­ta­n­te en marketing, ya que permite de­te­r­mi­nar cómo pro­mo­cio­nar una oferta de la forma más adecuada: ¿qué lenguaje, imágenes y tono conviene utilizar? ¿A través de qué canales debe di­fu­n­di­r­se la pu­bli­ci­dad?

Sin una de­fi­ni­ción clara, las acciones de marketing pro­ba­ble­me­n­te se di­se­ña­rían de forma demasiado genérica o basándose úni­ca­me­n­te en la intuición. Delimitar bien a las personas a las que quieres llegar ayuda a orientar mejor las acciones de ge­ne­ra­ción de leads y a conseguir contactos re­le­va­n­tes.

Ventajas e in­co­n­ve­nie­n­tes de una de­fi­ni­ción clara del público objetivo

Una de las pri­n­ci­pa­les ventajas es que permite saber con claridad a quién quieres llegar con tus productos y tus acciones de marketing. Además, puedes valorar co­n­s­ta­n­te­me­n­te las nuevas ideas en función de las ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas y ne­ce­si­da­des de ese grupo. En el mejor de los casos, también puedes ahorrar dinero, ya que no necesitas dirigirte a todo el mercado ni anu­n­ciar­te en todos los canales, sino centrar tus esfuerzos en las personas y los medios más re­le­va­n­tes para tu oferta.

Como in­co­n­ve­nie­n­te, una de­fi­ni­ción demasiado re­s­tri­c­ti­va puede hacer que otros posibles in­te­re­sa­dos queden fuera de las acciones de marketing o no se tengan en cuenta durante la pla­ni­fi­ca­ción. Para reducir este riesgo, conviene comprobar pe­rió­di­ca­me­n­te si las ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas y ne­ce­si­da­des del grupo cambian o si existen otros segmentos re­le­va­n­tes para tu oferta.

¿Cómo se ide­n­ti­fi­can los públicos objetivo para una empresa?

Para averiguar qué grupos son re­le­va­n­tes para tu empresa, primero debes analizar tu oferta: ¿qué necesidad satisface tu producto? ¿Qué problema resuelve? A co­n­ti­nua­ción, determina qué personas tienen esa necesidad o se enfrentan a ese problema.

El siguiente paso consiste en recopilar y analizar datos sobre los clientes po­te­n­cia­les. Son es­pe­cia­l­me­n­te im­po­r­ta­n­tes los datos propios (first-party data), es decir, los que una empresa obtiene a través de sus propios puntos de contacto. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, datos de gestión de clientes, hi­s­to­ria­les de compra, su­s­cri­p­cio­nes al boletín in­fo­r­ma­ti­vo, búsquedas rea­li­za­das en la página web o datos sobre el uso de productos y servicios.

Los datos pro­ce­de­n­tes de pro­vee­do­res externos, conocidos como datos de terceros (third-party data), están perdiendo im­po­r­ta­n­cia. Por eso, las empresas recurren cada vez más a in­fo­r­ma­ción propia, re­co­pi­la­da de acuerdo con la normativa de pro­te­c­ción de datos, para definir a quién quieren dirigirse. Los análisis de mercado, los estudios y las es­ta­dí­s­ti­cas de acceso público pueden co­m­ple­me­n­tar estos datos.

A partir de esta in­fo­r­ma­ción, puedes ide­n­ti­fi­car las ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas comunes de tus clientes po­te­n­cia­les. Entre ellas se incluyen, por ejemplo, la edad, los intereses, los ingresos, las ne­ce­si­da­des, el co­m­po­r­ta­mie­n­to de compra o el rol pro­fe­sio­nal. Las personas con ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas y ne­ce­si­da­des similares pueden agruparse en segmentos cla­ra­me­n­te definidos.

Para tratar datos pe­r­so­na­les en México es necesario cumplir con la Ley Federal de Pro­te­c­ción de Datos Pe­r­so­na­les en Posesión de los Pa­r­ti­cu­la­res (LFPDPPP). Además, si se utilizan te­c­no­lo­gías que almacenan in­fo­r­ma­ción en el di­s­po­si­ti­vo del usuario o acceden a ella, se re­co­mie­n­da contar con el co­n­se­n­ti­mie­n­to previo del usuario conforme a esta normativa.

Ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas para la se­g­me­n­ta­ción del público objetivo

A la hora de recopilar y analizar los datos, pueden tenerse en cuenta distintas ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas para de­te­r­mi­nar qué personas forman parte de un segmento y cuáles quedan fuera. Las más ha­bi­tua­les se agrupan en las si­guie­n­tes ca­te­go­rías:

  • Ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas geo­grá­fi­cas: por ejemplo, el lugar de re­si­de­n­cia, la región, el idioma o la densidad de población.
  • Ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas de­mo­grá­fi­cas: entre otras, la edad, el sexo y el estado civil.
  • Ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas so­cioe­co­nó­mi­cas: por ejemplo, el nivel de estudios, la profesión y los ingresos.
  • Ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas psi­co­grá­fi­cas: el estilo de vida, los intereses, los valores pe­r­so­na­les, las actitudes y las mo­ti­va­cio­nes.
  • Ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas de co­m­po­r­ta­mie­n­to: por ejemplo, la fre­cue­n­cia de compra, la in­te­n­si­dad de uso, la fidelidad a la marca, la se­n­si­bi­li­dad al precio y los canales de in­fo­r­ma­ción o di­s­tri­bu­ción pre­fe­ri­dos.

Para analizar estas ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas, las empresas pueden recurrir a di­fe­re­n­tes fuentes. Los datos sobre el co­m­po­r­ta­mie­n­to digital ofrecen, por ejemplo, indicios sobre los intereses y el uso real que hacen las personas. Entre ellos se incluyen:

  • Consultas de búsqueda
  • Rutas de clics
  • Tiempo de pe­r­ma­ne­n­cia
  • Abandono de compras
  • Reac­cio­nes a ne­w­s­le­t­te­rs y anuncios

La in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial puede ayudar a las empresas a detectar patrones y si­mi­li­tu­des en grandes volúmenes de datos. Sin embargo, no es en sí misma una ca­ra­c­te­rí­s­ti­ca de se­g­me­n­ta­ción, sino una he­rra­mie­n­ta que puede uti­li­zar­se para crear, analizar o ac­tua­li­zar segmentos cuando cambia el co­m­po­r­ta­mie­n­to de las personas.

Públicos objetivo en B2B y B2C

A la hora de definir a quién quieres dirigirte, también es im­po­r­ta­n­te de­te­r­mi­nar si se trata de un cliente B2B o B2C; es decir, si tu oferta se dirige a pa­r­ti­cu­la­res (B2C) o a clientes em­pre­sa­ria­les (B2B). Ambos grupos se segmentan de forma diferente. En B2C, pueden es­ta­ble­ce­r­se distintos segmentos según las ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas de­mo­grá­fi­cas, so­cioe­co­nó­mi­cas y psi­co­grá­fi­cas me­n­cio­na­das an­te­rio­r­me­n­te, así como en función del co­m­po­r­ta­mie­n­to de compra.

En el ámbito B2B, son es­pe­cia­l­me­n­te re­le­va­n­tes ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas como el sector, el tamaño de la empresa, la ubicación y la fa­c­tu­ra­ción. Además, las de­ci­sio­nes de compra no suelen depender de una sola persona. A menudo in­te­r­vie­nen distintos perfiles dentro de la empresa: por ejemplo, quien detecta la necesidad, quien utilizará el producto, quien compara las ofertas, el de­pa­r­ta­me­n­to de compras y quien toma la decisión final. Este conjunto de personas se conoce como Buying Center.

Como cada una de estas personas tiene prio­ri­da­des y ne­ce­si­da­des de in­fo­r­ma­ción di­fe­re­n­tes, conviene adaptar los co­n­te­ni­dos y las acciones de marketing a cada perfil. Quienes van a utilizar el producto, por ejemplo, suelen fijarse más en sus funciones y facilidad de uso, mientras que para el de­pa­r­ta­me­n­to de compras pueden ser más im­po­r­ta­n­tes los costes y las co­n­di­cio­nes co­n­tra­c­tua­les.

¿Cómo se puede validar un público objetivo?

Una vez definido, conviene comprobar si el público se­le­c­cio­na­do encaja realmente con tu oferta. Para ello, compara las ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas y ne­ce­si­da­des que habías supuesto con datos reales pro­ce­de­n­tes de tus propios canales. Si descubres que otros grupos responden mejor a la oferta de lo esperado, deberás ajustar la de­fi­ni­ción inicial.

Las señales digitales pro­po­r­cio­nan in­fo­r­ma­ción im­po­r­ta­n­te:

  • Las consultas de búsqueda dan pistas sobre qué temas, problemas y términos son re­le­va­n­tes para los clientes po­te­n­cia­les.

  • Las preguntas que surgen en las in­ter­ac­cio­nes con el servicio de atención al cliente permiten detectar qué in­fo­r­ma­ción falta y qué ne­ce­si­da­des aparecen con mayor fre­cue­n­cia.

El co­m­po­r­ta­mie­n­to en la página web también ayuda a validar la se­g­me­n­ta­ción. Se pueden analizar, por ejemplo, las páginas visitadas, las rutas de clics, el tiempo de pe­r­ma­ne­n­cia, las visitas re­cu­rre­n­tes, las descargas, los abandonos de compra o los pedidos co­m­ple­ta­dos. Si estos datos coinciden con las hipótesis iniciales, es una señal de que la se­g­me­n­ta­ción es adecuada.

La va­li­da­ción no es un proceso puntual. Como los intereses, las ne­ce­si­da­des y los hábitos de uso cambian, conviene revisar pe­rió­di­ca­me­n­te los segmentos definidos y aju­s­tar­los cuando sea necesario.

Público objetivo vs. personas

Cuando trabajas con un público objetivo, también es habitual en­co­n­trar­se con el término “persona”. Las personas son perfiles ficticios que re­pre­se­n­tan las ne­ce­si­da­des, los objetivos y los co­m­po­r­ta­mie­n­tos típicos de un de­te­r­mi­na­do grupo. Siempre que sea posible, se elaboran a partir de datos e in­ve­s­ti­ga­cio­nes, por ejemplo, en­tre­vi­s­tas, encuestas a clientes, análisis de co­m­po­r­ta­mie­n­to o in­ter­ac­cio­nes en el chat.

Mientras que un público objetivo describe a un grupo amplio de personas a partir de ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas comunes, una persona re­pre­se­n­ta ese grupo mediante un perfil concreto. Para ello, se le pueden asignar, por ejemplo, un nombre, una situación pro­fe­sio­nal o personal, así como retos y ex­pe­c­ta­ti­vas ha­bi­tua­les.

Según el objetivo, pueden di­s­ti­n­gui­r­se di­fe­re­n­tes tipos de personas. Las buyer personas re­pre­se­n­tan a personas que pa­r­ti­ci­pan en una decisión de compra. Las user personas o UX personas se centran en cómo se utiliza un producto o una apli­ca­ción. Las proto personas, en cambio, son perfiles pro­vi­sio­na­les que ini­cia­l­me­n­te se basan en su­po­si­cio­nes y co­no­ci­mie­n­tos exi­s­te­n­tes y que po­s­te­rio­r­me­n­te deben co­n­tra­s­tar­se con datos reales.

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