Los di­s­po­si­ti­vos in­te­r­co­ne­c­ta­dos forman parte ya de todos los ámbitos de la vida cotidiana y pro­fe­sio­nal. Esta in­te­r­co­ne­xión ofrece grandes ventajas y facilita muchos procesos, pero también genera un gran tráfico de datos que devora capacidad de pro­ce­sa­mie­n­to, recursos y tiempo. El in­te­lli­ge­nt edge propone una solución a este problema: reduce la distancia entre los di­s­po­si­ti­vos y la nube y analiza los datos cerca de su punto de origen. El resultado es un pro­ce­sa­mie­n­to de datos más rápido y seguro que mejora los procesos de trabajo y ofrece grandes ventajas para las empresas.

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In­te­lli­ge­nt edge: pro­ce­sa­mie­n­to de datos in situ

En el pro­ce­sa­mie­n­to de datos co­n­ve­n­cio­nal, los datos abandonan su sistema o di­s­po­si­ti­vo de origen para llegar a una nube o cloud o a un sistema de co­mpu­tación externo, que es donde son evaluados, ana­li­za­dos y enviados de vuelta. Todo esto se produce, na­tu­ra­l­me­n­te, a gran velocidad. Sin embargo, puesto que cada vez más di­s­po­si­ti­vos forman parte del llamado Internet of Things (o Internet de las cosas), el tráfico de datos aumenta y los procesos se ra­le­n­ti­zan.

Por suerte, para mejorar esta situación existe la te­c­no­lo­gía in­te­lli­ge­nt edge (a veces traducido como in­te­li­ge­n­cia en el extremo). Esta in­te­li­ge­n­cia trata de situarse lo más cerca posible del origen de los datos o del usuario. Es allí donde los datos son recibidos por potentes or­de­na­do­res edge, que los procesan, los restauran y luego los suben en formato co­m­pri­mi­do a la nube.

¿Qué ventajas ofrece el in­te­lli­ge­nt edge?

El in­te­lli­ge­nt edge ofrece dos grandes ventajas. Por un lado, procesos mucho más veloces. Por otro, puesto que los datos se evalúan, cla­si­fi­can y restauran en su lugar de origen, los procesos también se optimizan más rápido. Los di­s­po­si­ti­vos que envían los datos reciben in­fo­r­ma­ción de forma aún más directa y pueden reac­cio­nar de inmediato. Además, la eva­lua­ción in situ supone una mayor seguridad de los datos, que pueden ser sensibles.

Puesto que pe­r­ma­ne­cen cerca de su lugar de origen al menos hasta que finalice su eva­lua­ción, se reduce el riesgo de que se dañen o sean in­te­r­ce­p­ta­dos de camino al centro de pro­ce­sa­mie­n­to externo o a la nube.

¿Cómo funciona el in­te­lli­ge­nt edge?

El in­te­lli­ge­nt edge requiere pro­ce­sa­do­res potentes y con su­fi­cie­n­te capacidad de al­ma­ce­na­mie­n­to, ya que es la única forma de conseguir re­su­l­ta­dos que realmente be­ne­fi­cien al usuario. En primer lugar es necesario indicar al sistema cómo realizar las tareas que se quieren au­to­ma­ti­zar. Una vez la in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial se ha fa­mi­lia­ri­za­do con los distintos procesos, se definen campos de acción concretos que luego se aplican de forma rutinaria. Al principio es es­pe­cia­l­me­n­te im­po­r­ta­n­te realizar un monitoreo exhau­s­ti­vo. La tra­n­s­fe­re­n­cia de los datos se realiza a través de Internet o de una red interna de­s­ce­n­tra­li­za­da.

¿Quién debería usar el in­te­lli­ge­nt edge?

Por las cua­li­da­des descritas, el in­te­lli­ge­nt edge está pensado pri­n­ci­pa­l­me­n­te para empresas que procesan grandes ca­n­ti­da­des de datos a diario y que han de ser ana­li­za­das rá­pi­da­me­n­te. En procesos en los que el tiempo juega un papel clave, como puede ser la fa­bri­ca­ción au­to­ma­ti­za­da, una fracción de segundo puede marcar la di­fe­re­n­cia entre un proceso óptimo y uno que no lo es.

Cuando los datos pe­r­ma­ne­cen en su lugar de origen pueden rea­li­zar­se mo­di­fi­ca­cio­nes más rá­pi­da­me­n­te. Además, las co­ne­xio­nes de­fe­c­tuo­sas ya no suponen un riesgo. El in­te­lli­ge­nt edge también resulta muy atractivo para empresas que trabajan con datos pe­r­so­na­les (de clientes, por ejemplo), ya que los datos pueden pro­te­ge­r­se más fá­ci­l­me­n­te y cu­m­plie­n­do con la le­gi­s­la­ción vigente.

In­te­lli­ge­nt cloud: el mejor entorno para datos sensibles

La demanda de so­lu­cio­nes in­te­li­ge­n­tes aumenta también a medida que lo hacen las ca­n­ti­da­des de datos y las exi­ge­n­cias a la hora de tratarlos. Una de las re­s­pue­s­tas a esta demanda es la nube in­te­li­ge­n­te o in­te­lli­ge­nt cloud, que se basa en el principio del in­te­lli­ge­nt edge y lo amplía. Para ello, mediante in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial se crea un entorno virtual di­re­c­ta­me­n­te allí donde se procesan los datos. Así se reduce la latencia de forma si­g­ni­fi­ca­ti­va y los procesos de trabajo se adaptan y optimizan au­to­má­ti­ca­me­n­te sin cambiar de lugar.

La in­te­lli­ge­nt cloud no solo funciona como espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to, sino que también ofrece muchas otras funciones para evaluar, cla­si­fi­car y re­tra­n­s­mi­tir datos a su di­s­po­si­ti­vo de origen.

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