El término genérico de “sesgo cognitivo” designa los errores de pe­n­sa­mie­n­to y pe­r­ce­p­ción que tienen lugar de manera si­s­te­má­ti­ca y que influyen en las de­ci­sio­nes de los seres humanos. Cada vez que pe­r­ci­bi­mos, pensamos, juzgamos o re­co­r­da­mos algo, nuestra mente se ve influida por pre­su­po­si­cio­nes in­co­n­s­cie­n­tes. La in­flue­n­cia de los sesgos co­g­ni­ti­vos aumenta cuando tenemos que actuar rá­pi­da­me­n­te, recibimos demasiada in­fo­r­ma­ción a la vez o no en­te­n­de­mos bien su si­g­ni­fi­ca­do. Los recuerdos son es­pe­cia­l­me­n­te su­s­ce­p­ti­bles a los sesgos, porque su al­ma­ce­na­mie­n­to y re­cu­pe­ra­ción son dinámicos: cada vez que los re­cu­pe­ra­mos, se almacenan de forma diferente en la memoria.

Sesgos co­g­ni­ti­vos: de­fi­ni­ción y ex­pli­ca­ción

De­fi­ni­ción

Sesgo cognitivo: término que designa los errores si­s­te­má­ti­cos de pe­r­ce­p­ción, memoria, pe­n­sa­mie­n­to y juicio que las personas cometen de forma habitual, ge­ne­ra­l­me­n­te sin ser co­n­s­cie­n­tes de ello.

Cada vez que elegimos un producto y, por lo tanto, damos pre­fe­re­n­cia a una marca de­te­r­mi­na­da sobre la co­m­pe­te­n­cia, somos víctimas de, al menos, un sesgo cognitivo. Por lo general, las personas queremos actuar de forma racional, pero estos efectos in­co­n­s­cie­n­tes siempre de­te­r­mi­nan nuestras de­ci­sio­nes. Algo que, de por sí, no es malo.

Si diriges una empresa, te conviene fa­mi­lia­ri­zar­te con los diversos sesgos co­g­ni­ti­vos, ya que co­no­ce­r­los puede serte útil tanto para ge­s­tio­nar­la como para orientar a los empleados o diseñar las es­tra­te­gias de marketing. Además, tener algunas nociones del fu­n­cio­na­mie­n­to del in­co­n­s­cie­n­te humano puede ayudarte a sacar el máximo partido de la in­ve­s­ti­ga­ción de mercado y la psi­co­lo­gía de ventas.

Lista de sesgos co­g­ni­ti­vos: los tipos más im­po­r­ta­n­tes

La siguiente lista de sesgos co­g­ni­ti­vos y ejemplos incluye todos los sesgos re­le­va­n­tes en el ámbito em­pre­sa­rial. Por lo tanto, de­s­ta­ca­mos sobre todo su im­po­r­ta­n­cia en términos prácticos, sin entrar en las co­rre­s­po­n­die­n­tes teorías psi­co­ló­gi­cas.

Consejo

Los de­s­cu­bri­mie­n­tos en los campos de la psi­co­lo­gía y la neu­ro­lo­gía influyen mucho en las in­no­va­cio­nes y de­sa­rro­llos que se producen en el ámbito del marketing. De hecho, el neu­ro­ma­r­ke­ti­ng desempeña un papel cada vez más im­po­r­ta­n­te a la hora de promover las ventas.

Efecto anclaje en marketing

Al tomar de­ci­sio­nes, siempre nos vemos influidos por los datos del entorno. El siguiente ejemplo ilustra bien el efecto anclaje: imagina que pedimos a alguien que gire una ruleta y, a co­n­ti­nua­ción, que estime una cantidad re­la­cio­na­da con otro tema. Pues bien, la cifra que salga en la ruleta influirá mucho en la es­ti­ma­ción, aunque no estén en absoluto re­la­cio­na­das. Todas las es­ti­ma­cio­nes se ven afectadas por el efecto anclaje.

Efecto arrastre en marketing

Muchas personas se dejan influir por líderes a la hora de tomar de­ci­sio­nes. En el caso de las compras, se co­n­vie­r­ten rá­pi­da­me­n­te en se­gui­do­res de los productos que otros han adquirido. Existen muchos ejemplos del efecto arrastre, y no solo en marketing: este sesgo cognitivo afecta tanto a las de­ci­sio­nes de compra como a las ele­c­cio­nes políticas.

Sesgo de co­n­fi­r­ma­ción en marketing

A la gente le gusta sentirse re­afi­r­ma­da, tanto en sus opiniones como en sus recuerdos, lo que implica que solamos confirmar las hipótesis exi­s­te­n­tes en lugar de cue­s­tio­nar­las, incluso cuando hay datos que las co­n­tra­di­cen. El sesgo de co­n­fi­r­ma­ción tiene un efecto de gran alcance y, por lo tanto, también influye mucho en las de­ci­sio­nes de compra: el cliente preferirá el producto que confirme sus creencias.

Efecto señuelo en marketing

El efecto señuelo se basa en el hecho de que al menos el 85 por ciento de las de­ci­sio­nes de compra se toman de manera in­co­n­s­cie­n­te. In­tro­du­cie­n­do de forma dirigida un producto asi­mé­tri­ca­me­n­te dominante debido a sus ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas, la decisión de compra se desvía hacia el producto que realmente se quiere vender. Por lo general, el producto señuelo tiene una mala relación calidad-precio y se utiliza para que el cliente valore más el producto objetivo real.

Efecto dotación en marketing

La propiedad aumenta el valor de un producto: la persona valora el mismo artículo de manera diferente de­pe­n­die­n­do de si ya lo posee o no. Hay muchos ejemplos famosos del efecto dotación en marketing y en todo tipo de si­tua­cio­nes em­pre­sa­ria­les. Es evidente que la ex­pe­c­ta­ti­va de precio más alta del vendedor y la ex­pe­c­ta­ti­va de precio más baja del comprador no solo responden a motivos co­me­r­cia­les, sino también psi­co­ló­gi­cos.

Efecto halo en marketing

Tendemos a conferir cua­li­da­des positivas a las personas u objetos que también co­n­si­de­ra­mos buenos en otros aspectos: sin ninguna evidencia, les atri­bui­mos ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas que nos parecen atra­c­ti­vas y que conocemos de otros contextos. Debido al efecto halo, los objetos y las personas se ven con mejores ojos de lo que co­rre­s­po­n­de a la realidad. Desde la pe­r­s­pe­c­ti­va del marketing, esto demuestra la verdad del dicho “nunca hay una segunda opo­r­tu­ni­dad para causar una primera buena impresión”. Si una marca causa una buena impresión, los co­n­su­mi­do­res le atri­bui­rán también otras ca­ra­c­te­rí­s­ti­cas positivas.

Prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va en marketing

La memoria humana es maleable y modifica los recuerdos cada vez que los “recupera” y los vuelve a “almacenar”, de manera in­co­n­s­cie­n­te y sin que la persona lo perciba. Esta di­s­to­r­sión cognitiva provocada por el prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va es muy habitual. Cuesta mucho ide­n­ti­fi­car los pre­jui­cios de re­tro­s­pe­c­ti­va: a menudo creemos fi­r­me­me­n­te que habíamos predicho el desenlace de un aco­n­te­ci­mie­n­to cuando, de hecho, nunca lo hicimos.

Efecto IKEA en marketing

Las personas que dedican tiempo y energía a un producto lo valoran más. Como demuestra el concepto de montaje de muebles del minorista homónimo, la pa­r­ti­ci­pa­ción de la persona en la fa­bri­ca­ción del objeto aumenta el valor percibido. El efecto IKEA no se limita al mo­bi­lia­rio, sino que se da siempre que el co­n­su­mi­dor puede pa­r­ti­ci­par en el diseño del producto que va a adquirir, aunque solo sea en parte. Por ello, también hay ejemplos de este sesgo cognitivo en los sectores de la moda y la ali­me­n­ta­ción.

Aversión a la pérdida en marketing

Las personas dan más im­po­r­ta­n­cia a una pérdida que a una ganancia equi­va­le­n­te. Por lo tanto, es fu­n­da­me­n­tal tener en cuenta la aversión a la pérdida en el marketing. Este sesgo cognitivo se percibe en todas las si­tua­cio­nes que se viven con in­ce­r­ti­du­m­bre. El exceso de pre­cau­ción y la aparente irra­cio­na­li­dad con que las personas intentan evitar la pérdida se deben pro­ba­ble­me­n­te a factores de la psi­co­lo­gía evolutiva.

Efecto de selección en marketing

El sesgo es­ta­dí­s­ti­co conocido como efecto de selección provoca un error que suele cometerse al se­le­c­cio­nar muestras para un estudio. En lugar de elegir los pa­r­ti­ci­pa­n­tes de forma imparcial, los in­ve­s­ti­ga­do­res se ven afectados por este sesgo desde el momento en que comienzan a elegir los sujetos. Como esta di­s­to­r­sión es casi imposible de evitar, hay que tenerla en cuenta en los análisis. Cuando somos co­n­s­cie­n­tes de este efecto, también llamado sesgo muestral, podemos lograr mejores re­su­l­ta­dos en la in­ve­s­ti­ga­ción de mercado.

Sesgo de su­pe­r­vi­ve­n­cia en marketing

Si partimos de una base in­co­rre­c­ta a la hora de analizar un problema, no ob­te­n­dre­mos ningún resultado útil: el sesgo de su­pe­r­vi­ve­n­cia provoca que los estudios se elaboren teniendo solo en cuenta los casos exitosos y ex­clu­ye­n­do los casos pro­ble­má­ti­cos. Por ejemplo, este sesgo cognitivo influye mucho en las encuestas sobre la sa­ti­s­fa­c­ción del co­n­su­mi­dor, porque a menudo no se incluye a los clientes que han dejado de comprar la marca, lo que impide obtener re­su­l­ta­dos acordes con la realidad.

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