Las acciones humanas no son siempre ra­cio­na­les. Todas nuestras de­ci­sio­nes, im­po­r­ta­n­tes o in­si­g­ni­fi­ca­n­tes, se ven influidas por una serie de pre­jui­cios in­co­n­s­cie­n­tes. Estos sesgos co­g­ni­ti­vos se ma­ni­fie­s­tan en distintas facetas: el prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va o re­ca­pi­tu­la­ción, o también sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo, se refiere a nuestra tendencia a estimar la pre­vi­si­bi­li­dad de un aco­n­te­ci­mie­n­to de manera distinta antes y después de que ocurra, lo cual tiene algunas apli­ca­cio­nes en el marketing.

¿En qué consiste el sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo?

¡A toro pasado es fácil de ver!: en re­tro­s­pe­c­ti­va, a menudo las cosas parecen más claras de lo que se creía antes de que ocu­rrie­ran. El hindsight bias, en ca­s­te­llano sesgo o prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va, nos hace so­bree­s­ti­mar la pre­vi­si­bi­li­dad de que algo ocurra después de que haya pasado. Esto se da en muchas si­tua­cio­nes cuyo desenlace parece muy difícil de prever antes de que tengan lugar, pero mucho más evidente después. El sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo no es un error cognitivo pa­r­ti­cu­la­r­me­n­te fácil de explotar en el marketing. No obstante, es de gran im­po­r­ta­n­cia en la actividad em­pre­sa­rial.

De­fi­ni­ción

Sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo: el hindsight bias describe el error humano de juicio que se produce al evaluar una situación que ya ha ocurrido. Se tiende a co­n­si­de­rar el resultado de una situación crítica como mucho más pre­vi­si­ble después de que pase.

Los sesgos como este suelen afectar a varias posibles fuentes de error: nuestros recuerdos, nuestra pe­r­ce­p­ción, nuestro pe­n­sa­mie­n­to y nuestro juicio. Los sesgos co­g­ni­ti­vos son errores que se ma­ni­fie­s­tan en di­fe­re­n­tes si­tua­cio­nes, se producen de forma si­s­te­má­ti­ca y han de­mo­s­tra­do su re­pro­du­ci­bi­li­dad en varios estudios. Si las empresas son co­n­s­cie­n­tes de sus efectos psi­co­ló­gi­cos, pueden uti­li­zar­los efi­ca­z­me­n­te, ya sea en el marketing o en otras áreas de la es­tra­te­gia em­pre­sa­rial.

La teoría: ¿cómo funciona el sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo?

El prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va es un término de la psi­co­lo­gía cognitiva. La primera in­ve­s­ti­ga­ción si­s­te­má­ti­ca de este sesgo cognitivo fue realizada en 1975 por Baruch Fischhoff, in­ve­s­ti­ga­dor del riesgo y de la teoría de las de­ci­sio­nes. El sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo es más complejo y tiene más niveles que otros sesgos. Según la ciencia actual, tiene tres co­m­po­ne­n­tes. Ori­gi­na­l­me­n­te, Fischhoff lo describió como un todo in­di­vi­si­ble. Sin embargo, más tarde se de­s­cri­bie­ron otros dos subas­pe­c­tos. Una de sus facetas es la so­bree­s­ti­ma­ción de la pre­vi­si­bi­li­dad real de un evento. Además, el sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo también puede fa­l­si­fi­car el recuerdo correcto de las es­ti­ma­cio­nes hechas antes del evento. Ambos pueden darse si­mu­l­tá­nea­me­n­te y reforzar el prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va.

Hoy en día, además de la mayor impresión de in­e­vi­ta­bi­li­dad a po­s­te­rio­ri y la mayor impresión de pre­vi­si­bi­li­dad a po­s­te­rio­ri, también se habla de di­s­to­r­sio­nes de la memoria. Estos tres co­m­po­ne­n­tes del sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo pueden también aparecer aislados, por lo que la presencia de uno no implica la de los otros dos. No siempre es fácil de ide­n­ti­fi­car, porque es pa­ra­dó­ji­co y sus procesos de creación son in­co­n­s­cie­n­tes. Se da el caso, por ejemplo, de que, después de que ocurra, un aco­n­te­ci­mie­n­to se percibe si­mu­l­tá­nea­me­n­te como más in­e­vi­ta­ble, pero a la vez también menos pre­de­ci­ble, que antes de que tuviera lugar. Los estudios de Hartmut Blank, Steffen Nestler, Gernot von Collani y Volkhard Fischer contienen más in­fo­r­ma­ción sobre los hallazgos actuales acerca de los tres sesgos del hindsight bias.

El sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo en algunos ejemplos

El sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo puede ob­se­r­var­se en cualquier área en la que se realicen y evalúen pre­vi­sio­nes. Por supuesto, esto se aplica es­pe­cia­l­me­n­te al campo de las ele­c­cio­nes y la in­ve­s­ti­ga­ción electoral, ya que, en el contexto de las de­ci­sio­nes políticas, el sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo aparece muy a menudo. Sin embargo, puede ob­se­r­var­se en todas las di­s­ci­pli­nas en las que se realicen pre­di­c­cio­nes: empresas, in­s­ti­tu­cio­nes, au­to­ri­da­des u otras or­ga­ni­za­cio­nes. Y es es­pe­cia­l­me­n­te relevante cuando se trata de asignar re­s­po­n­sa­bi­li­da­des o culpas. En los momentos en los que sea im­po­r­ta­n­te tener la razón, siempre se pueden encontrar ejemplos de prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va.

El mercado de valores es un buen ejemplo: la pro­ba­bi­li­dad de que suba el precio de las acciones de una empresa suele ser im­pre­de­ci­ble. Si la persona decide comprar las acciones y estas dan ganancias reales, aparece el sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo: la decisión parece re­pe­n­ti­na­me­n­te muy clara, y la persona se felicita por sus co­no­ci­mie­n­tos sobre el tema.

Sin embargo, este mismo sesgo también cambia las ex­pli­ca­cio­nes si el mercado de valores evo­lu­cio­na ne­ga­ti­va­me­n­te: si el valor de una acción baja fue­r­te­me­n­te, de repente aparecen numerosos expertos que afirman haberlo esperado desde hace mucho tiempo. No obstante, casi ninguno de dichos expertos llegó a expresar pú­bli­ca­me­n­te esta opinión ni se protegió contra esta caída de los precios.

Estos ejemplos de sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo dejan claro su impacto. Hay dos factores que hacen que el prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va sea pa­r­ti­cu­la­r­me­n­te trai­cio­ne­ro en la práctica:

  • Ni siquiera los expertos están pro­te­gi­dos contra él. Ellos también so­bree­s­ti­man la pre­vi­si­bi­li­dad de los aco­n­te­ci­mie­n­tos. Esto es una ocu­rre­n­cia común en las ciencias hi­s­tó­ri­cas, por ejemplo.
  • Las nuevas in­fo­r­ma­cio­nes, noticias o afi­r­ma­cio­nes alteran en el cerebro, de forma sutil e in­co­n­s­cie­n­te, los recuerdos de nuestros co­no­ci­mie­n­tos previos sobre este tema.

El sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo en el marketing

El prejuicio de re­tro­s­pe­c­ti­va no está di­re­c­ta­me­n­te re­la­cio­na­do con la co­mu­ni­ca­ción con los clientes y su re­le­va­n­cia en el mundo del marketing y otras áreas em­pre­sa­ria­les es sobre todo interna. Sin embargo, es im­po­r­ta­n­te a la hora de decidir la es­tra­te­gia correcta para la co­mu­ni­ca­ción comercial, el pro­nó­s­ti­co correcto de la evolución del mercado, la gestión óptima de las crisis y otras cue­s­tio­nes o de­cla­ra­cio­nes para las que se deba asignar re­s­po­n­sa­bi­li­dad. A co­n­ti­nua­ción, pre­se­n­ta­mos tres afi­r­ma­cio­nes que son claros ejemplos de sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo:

  • “No recuerdo haberlo dicho así.”
  • “Esto fue algo que todo el mundo podía esperar.”
  • “Te lo dije. Se veía venir.”

Aunque complejo, sus ma­ni­fe­s­ta­cio­nes en el lenguaje son re­la­ti­va­me­n­te fáciles de detectar. Es­pe­cia­l­me­n­te en las si­tua­cio­nes de conflicto, por ejemplo, debido a de­ci­sio­nes de marketing erróneas, vale la pena parar un momento y hablar sobre la posible in­flue­n­cia del sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo.

Por otra parte, para la promoción de ventas, el sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo se puede utilizar en aquellas áreas en las que los clientes se so­bre­s­ti­man. Otro factor im­po­r­ta­n­te es que la gente siempre busca la co­n­fi­r­ma­ción de su propia visión del mundo y sus valores. Sin embargo, muchas personas se quedan atascadas en los detalles y no tienen una visión general. Por esto, si se ofrece a los clientes una gama de productos abarcable con mensajes de marketing claros, muchos la pe­r­ci­bi­rán como un alivio y la acogerán de buena gana. Esto se aplica, en pa­r­ti­cu­lar, si se tra­n­s­mi­ten valores que son comunes a muchas personas.

La exi­s­te­n­cia del sesgo re­tro­s­pe­c­ti­vo en sí está cie­n­tí­fi­ca­me­n­te probada, pero el debate sobre este sesgo cognitivo sigue siendo co­n­tro­ve­r­ti­do. Existen dos bandos: una parte teme que sea peligroso porque dificulta el apre­n­di­za­je de los errores al fomentar pre­vi­sio­nes y su­po­si­cio­nes in­co­rre­c­tas. La otra parte argumenta que, en última instancia, es un mecanismo útil del cerebro que nos re­co­m­pe­n­sa de forma au­toe­n­ga­ño­sa, desecha la in­fo­r­ma­ción in­ne­ce­sa­ria y nos ayuda a aprender mediante cau­sa­li­da­des si­m­pli­fi­ca­das.

Consejo

Existen otros sesgos co­g­ni­ti­vos que también se pueden apro­ve­char en el marketing: por ejemplo, co­no­cie­n­do el efecto IKEA, el efecto de anclaje, el sesgo de co­n­fi­r­ma­ción o el sesgo de su­pe­r­vi­ve­n­cia, se pueden lograr re­su­l­ta­dos so­r­pre­n­de­n­tes.

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