Corporate Social Re­s­po­n­sa­bi­li­ty (CSR) es un término in­te­r­na­cio­nal que se utiliza para referirse a la re­s­po­n­sa­bi­li­dad de las empresas, pero se trata de una de­fi­ni­ción un poco vaga. En esencia, la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va hace re­fe­re­n­cia a la obli­ga­ción moral y ética de las empresas en sus re­la­cio­nes con los empleados, el medio ambiente, la co­m­pe­te­n­cia, la economía y otras áreas de la vida que una empresa puede invadir.

La re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va se entiende como un co­m­pro­mi­so asumido vo­lu­n­ta­ria­me­n­te por una empresa con respecto a ciertas reglas que van más allá de sus obli­ga­cio­nes legales. En este sentido, las empresas que operan de manera re­s­po­n­sa­ble y atienden a la moral, a menudo pueden sacar be­ne­fi­cios de esta re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va. Ha quedado de­mo­s­tra­do que aquellas empresas que se co­m­pro­me­n­ten vo­lu­n­ta­ria­me­n­te con una buena causa mejoran al mismo tiempo su imagen pública.

Por esta razón, sin embargo, el concepto de RSC es objeto de co­n­s­ta­n­tes críticas, ya que se parte de la idea de que muchas empresas no lo hacen porque son ge­nui­na­me­n­te al­trui­s­tas, sino si­m­ple­me­n­te para pulir su imagen.

En nuestro artículo de la Digital Guide te ex­pli­ca­mos en detalle qué es la RSC, cómo se ha de­sa­rro­lla­do y cómo se vive la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va en algunas empresas hoy en día.

De­fi­ni­ción

La re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va (RSC) designa a la re­s­po­n­sa­bi­li­dad que se au­toi­m­po­nen las empresas con respecto a la sociedad, el medio ambiente, la economía, las re­la­cio­nes con los empleados y la ética hacia la co­m­pe­te­n­cia. Muchas empresas utilizan los re­gla­me­n­tos internos de RSC como una especie de brújula moral para influir po­si­ti­va­me­n­te en el de­sa­rro­llo ético de la empresa. Además, hay que tener en cuenta que una re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va que se vive de forma positiva ofrece muchas ventajas eco­nó­mi­cas.

De­sa­rro­llo y de­fi­ni­ción detallada de la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va

El concepto de re­s­po­n­sa­bi­li­dad em­pre­sa­rial no es nuevo, pero el término “re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va” le ha pro­po­r­cio­na­do un enfoque moderno. Desde la an­ti­güe­dad, había quienes se pla­n­tea­ban la cuestión de si una buena gestión em­pre­sa­rial no debería be­ne­fi­ciar a la sociedad en su conjunto, en lugar de centrarse solo en aumentar los be­ne­fi­cios. En la Edad Media nació el concepto de “hombre de negocios re­s­pe­ta­ble”, al que se asoció un código de valores que se suponía que ayudaría a los co­me­r­cia­n­tes in­flu­ye­n­tes a aportar ventajas a la sociedad en su conjunto mediante el cu­m­pli­mie­n­to de de­te­r­mi­na­das normas de conducta.

La re­s­po­n­sa­bi­li­dad co­r­po­ra­ti­va ganó im­po­r­ta­n­cia durante la in­du­s­tria­li­za­ción, cuando algunas empresas co­n­s­tru­ye­ron edificios re­si­de­n­cia­les para sus empleados. Las duras co­n­di­cio­nes de trabajo, asimismo, co­n­du­je­ron gra­dua­l­me­n­te a un cambio por parte de los em­pre­sa­rios, ya que se fueron dando cuenta de su re­s­po­n­sa­bi­li­dad social hacia los empleados y sus familias. No obstante, hay que hacer hincapié en el hecho de que las mejoras decisivas en lo que respecta a la situación laboral solo se aplicaron a nivel nacional a través de le­gi­s­la­cio­nes estatales. En lo que respecta a la ética ambiental, si­m­ple­me­n­te no existía una preo­cu­pa­ción a este respecto en la mayoría de las empresas.

El concepto moderno de re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va, tal y como lo conocemos hoy, se originó pro­ba­ble­me­n­te a partir de la década de 1950 en Estados Unidos, cuando tuvieron lugar muchos debates públicos sobre la re­s­po­n­sa­bi­li­dad em­pre­sa­rial y se pu­bli­ca­ron los primeros re­su­l­ta­dos cie­n­tí­fi­cos. En el artículo Social re­s­po­n­si­bi­li­ties of the bu­si­ne­s­s­man (“Re­s­po­n­sa­bi­li­da­des sociales del hombre de negocios”), su autor, Howard R. Bowen, describió la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va como una co­n­se­cue­n­cia lógica de la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social del individuo hacia la sociedad. En co­n­se­cue­n­cia, las empresas tendrían que orie­n­tar­se hacia los valores y normas in­te­r­pe­r­so­na­les y estarían obligadas a apli­car­los. Sin embargo, por aquella época, la mayoría de las empresas aún no sentían el “deber” de trabajar co­n­s­cie­n­te y ac­ti­va­me­n­te por una orie­n­ta­ción em­pre­sa­rial moral. La máxima del cre­ci­mie­n­to económico por sí solo seguía de­te­r­mi­na­n­do la ética comercial.

A partir de los años setenta, sin embargo, las in­s­ti­tu­cio­nes so­cia­l­me­n­te activas que podían y debían tener una in­flue­n­cia positiva en la orie­n­ta­ción moral de la sociedad fueron cada vez más re­co­no­ci­das en las empresas. La sociedad y los negocios estaban en constante in­ter­ac­ción co­n­tri­bu­ye­n­do así a la co­n­so­li­da­ción de las normas sociales en medio de una economía ca­pi­ta­li­s­ta. Antes del cambio de milenio, sin embargo, la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va (RSC) consistía en un deseo más que en un ideal al que debía adaptarse el co­m­po­r­ta­mie­n­to de las empresas.

Como resultado de la creciente atención prestada a la pro­te­c­ción del medio ambiente y a las cue­s­tio­nes éticas en medio de un mundo glo­ba­li­za­do, la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va fue cobrando cada vez más im­po­r­ta­n­cia. Además, el triunfo de Internet supuso que las empresas que actuaban de forma irre­s­po­n­sa­ble sufrieran un daño in­s­ta­n­tá­neo en su imagen cuando se dieron a conocer es­cá­n­da­los ope­ra­ti­vos, abusos y todo tipo de quejas en las redes sociales. En de­fi­ni­ti­va, la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va (RSC) ha pasado de ser una mera teoría a una im­po­r­ta­n­te área de trabajo para todas las grandes empresas.

Hoy en día, las grandes empresas no pueden pe­r­mi­ti­r­se el lujo de no tomarse en serio la RSC, de hecho, algunas de ellas emplean a es­pe­cia­li­s­tas en la materia para que formulen por escrito el código moral de la empresa y para que su­pe­r­vi­sen su apli­ca­ción. Con fre­cue­n­cia, esto conlleva un beneficio económico si se sabe cómo utilizar la imagen co­r­po­ra­ti­va positiva re­su­l­ta­n­te para el marketing y las re­la­cio­nes públicas. Después de todo, todos los in­vo­lu­cra­dos se be­ne­fi­cian de una re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va bien im­ple­me­n­ta­da.

Hay quienes acusan a las empresas de que rara vez utilizan motivos morales como fuerza motriz de la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va. Es más, en la mayor parte de las ocasiones las empresas lo hacen con la esperanza de que esto tenga un efecto pu­bli­ci­ta­rio que, a la larga, se tra­du­ci­ría en un aumento en su volumen de negocios. Por lo tanto, los de­tra­c­to­res describen la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va si­m­ple­me­n­te como parte del marketing. Por otra parte, existe la opinión ge­ne­ra­li­za­da de que la intención real que haya detrás de la RSC no sea tan im­po­r­ta­n­te, mientras su efecto beneficie a las personas.

Las tres áreas de la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va

Dado que la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va es un término muy vago, existen varios enfoques para es­tru­c­tu­rar el concepto su­b­ya­ce­n­te. Un modelo re­la­ti­va­me­n­te popular es el modelo de re­s­po­n­sa­bi­li­dad de Stefanie Hiß, por el cual la RSC se divide en tres áreas, cada una de las cuales recibe un nombre en función de la na­tu­ra­le­za de su actividad pública:

  • El área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad interna comprende todas las es­tra­te­gias y procesos internos que no llegan al público, pero que de­te­r­mi­nan ese­n­cia­l­me­n­te la orie­n­ta­ción ética de la empresa.
  • El área central de re­s­po­n­sa­bi­li­dad incluye todos aquellos campos que son pú­bli­ca­me­n­te eficaces y tienen un efecto directo sobre el medio ambiente, las personas y la sociedad y que siguen formando parte del proceso normal de trabajo.
  • Todos los campos de acción pe­r­te­ne­cen al área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad externa, es decir, que una empresa se vuelve activa ca­ri­ta­ti­va­me­n­te (ge­ne­ra­l­me­n­te en términos eco­nó­mi­cos) e in­te­rru­m­pe o adapta su trabajo diario si es necesario. El modelo “Hiß” es adecuado para ilustrar las di­fe­re­n­tes áreas de la RSC.

Área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad interna

El área interna de re­s­po­n­sa­bi­li­dad incluye todos los procesos internos que afectan a la propia es­tra­te­gia co­r­po­ra­ti­va. Esta área suele ser re­s­po­n­sa­bi­li­dad de la gerencia y conlleva la toma de de­ci­sio­nes im­po­r­ta­n­tes como, por ejemplo, qué socios co­me­r­cia­les buscar, la re­s­po­n­sa­bi­li­dad de la empresa en el mercado con respecto a posibles an­ti­mo­no­po­lios y mo­no­po­lios, una pla­ni­fi­ca­ción del cre­ci­mie­n­to justa y realista y una re­n­ta­bi­li­dad sana.

En el mejor de los casos, la brújula moral de la empresa desempeña un papel im­po­r­ta­n­te en la toma de de­ci­sio­nes. Sin embargo, suele ser difícil juzgar desde fuera hasta qué punto una empresa se toma en serio su área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad interna. Una gestión de la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va que sea visible para el mundo exterior es al menos una in­di­ca­ción de que la es­tra­te­gia interna también tiene en cuenta los pri­n­ci­pios morales.

Área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad central

El área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad central incluye todas aquellas acciones de una empresa cuyos efectos sobre el medio ambiente y la sociedad se pueden medir de forma más o menos directa. Esto hace re­fe­re­n­cia a las emisiones de CO2 y la co­n­ta­mi­na­ción at­mo­s­fé­ri­ca, así como las co­n­di­cio­nes de trabajo de los empleados. Esta área comprende también la gestión re­s­po­n­sa­ble de la cadena de su­mi­ni­s­tro, ya que la coope­ra­ción con empresas mo­ra­l­me­n­te cue­s­tio­na­bles supondría apoyar también sus dudosas políticas co­r­po­ra­ti­vas.

La re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va (RSC) en el área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad central es la más difícil de coordinar para muchas grandes co­r­po­ra­cio­nes, pero ha ganado im­po­r­ta­n­cia porque es en esta área, pre­ci­sa­me­n­te, donde pueden oca­sio­nar­se la mayoría de los daños. Esto se aplica no solo al medio ambiente y a la sociedad, sino también a los propios empleados de la empresa, a los grupos de interés y a la repu­tación.

Stefanie Hiß sugiere que el área media de re­s­po­n­sa­bi­li­dad debería centrarse pri­n­ci­pa­l­me­n­te en las de­no­mi­na­das partes in­te­re­sa­das (sta­keho­l­de­rs). En términos generales, se trata de personas que tienen un mayor interés en los procesos, las co­n­di­cio­nes de trabajo y, en la mayoría de los casos, también en el éxito de la empresa. Los si­guie­n­tes grupos de personas son im­po­r­ta­n­tes sta­keho­l­de­rs:

Empleados

Las empresas tienen el deber para con sus empleados de ga­ra­n­ti­zar un entorno de trabajo agradable y también de pro­po­r­cio­nar in­fo­r­ma­ción, lo más tra­n­s­pa­re­n­te posible, sobre las opo­r­tu­ni­da­des de progreso y las je­ra­r­quías. Esto incluye también la cuestión de una re­mu­ne­ra­ción justa y la pa­r­ti­ci­pa­ción en los be­ne­fi­cios, así como la li­mi­ta­ción temporal de los contratos.

Otro factor fu­n­da­me­n­tal para una re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va sólida son las re­la­cio­nes co­n­s­tru­c­ti­vas con los si­n­di­ca­tos, siempre que sus miembros trabajen en la empresa. De lo contrario, en casos extremos, si las empresas no toman en serio su re­s­po­n­sa­bi­li­dad social con respecto a sus empleados, puede llegarse a la huelga laboral. De hecho, hay ocasiones en las que or­ga­ni­za­cio­nes de derechos humanos o in­s­ti­tu­cio­nes estatales deben tomar cartas en el asunto porque las co­n­di­cio­nes de trabajo son in­ace­p­ta­bles. Con fre­cue­n­cia, los empleados también hacen públicas sus quejas en esta área de manera anónima y esta noticia puede pro­pa­gar­se como un reguero de pólvora en los medios de co­mu­ni­ca­ción social y causar un daño co­n­si­de­ra­ble a su imagen.

Pro­vee­do­res de fondos

Los in­ve­r­so­res tienen un claro interés no solo en el éxito de la empresa, sino también en la coope­ra­ción justa. En pa­r­ti­cu­lar, las empresas que cotizan en bolsa corren el riesgo de sufrir daños co­n­si­de­ra­bles si sus re­la­cio­nes con socios co­me­r­cia­les e in­ve­r­so­res son mo­ra­l­me­n­te cue­s­tio­na­bles o des­ho­ne­s­tas.

Clientes

Las empresas que su­mi­ni­s­tran productos no deberían engañar a sus clientes. Es­pe­cia­l­me­n­te en el caso de bienes de consumo como los alimentos, una empresa tiene la re­s­po­n­sa­bi­li­dad de informar co­rre­c­ta­me­n­te al cliente sobre la pre­pa­ra­ción y co­m­po­si­ción del producto. El origen del producto o los ma­te­ria­les de co­n­s­tru­c­ción y las materias primas uti­li­za­das también son im­po­r­ta­n­tes para muchos clientes. Si una empresa se presenta al mundo exterior como re­s­pe­tuo­sa con el medio ambiente, pero utiliza huevos de granjas donde las gallinas viven en­jau­la­das o emplea co­m­po­ne­n­tes de empresas de pro­du­c­ción pe­r­ju­di­cia­les para el medio ambiente en la fa­bri­ca­ción de un producto, esto puede llevar a la pérdida de una co­n­si­de­ra­ble cantidad de clientes.

Para muchas empresas, el cliente es el actor más im­po­r­ta­n­te. Si una empresa no se toma en serio su re­s­po­n­sa­bi­li­dad social hacia sus clientes, a menudo se debe a una mala gestión de la RSC (si es que existe).

Vecinos

Las empresas situadas en ciudades o en las in­me­dia­cio­nes de núcleos urbanos tienen también una re­s­po­n­sa­bi­li­dad con respecto a los re­si­de­n­tes de estas áreas, por lo que no pueden ocasionar un impacto negativo en su calidad de vida. Esto se aplica, por ejemplo, a la co­n­ta­mi­na­ción acústica y ambiental. En muchos países, hay muchos afectados que siguen sufriendo las duras co­n­di­cio­nes de vida derivadas de grandes fábricas cercanas que ignoran su re­s­po­n­sa­bi­li­dad social.

En el peor de los casos, las empresas causan la co­n­ta­mi­na­ción del agua potable, ruidos excesivos, co­n­ta­mi­na­ción at­mo­s­fé­ri­ca y daños a la flora y fauna de la zona. Si tales in­ju­s­ti­cias se hacen públicas, la empresa no solo se ve amenazada por el daño a su imagen, sino también por posibles problemas con la ley y las or­ga­ni­za­cio­nes eco­lo­gi­s­tas.

Or­ga­ni­s­mos gu­be­r­na­me­n­ta­les

Las empresas deben cumplir con las leyes del país donde tengan sede y es­ta­ble­cer una coope­ra­ción fluida y tra­n­s­pa­re­n­te con or­ga­ni­s­mos gu­be­r­na­me­n­ta­les como el Mi­ni­s­te­rio de Sanidad, Consumo y Bienestar social en el caso de España. En las plantas de pro­du­c­ción, las normas y re­gla­me­n­tos de calidad es­pe­ci­fi­ca­dos por el le­gi­s­la­dor deben ser ob­se­r­va­dos durante los controles co­rre­s­po­n­die­n­tes.

Medios de co­mu­ni­ca­ción

La re­s­po­n­sa­bi­li­dad del conocido como “cuarto poder” consiste en pro­po­r­cio­nar tanta in­fo­r­ma­ción como sea posible sobre eve­n­tua­les abusos o de­fi­cie­n­cias en las empresas. Por lo tanto, la relación entre pe­rio­di­s­tas y fu­n­cio­na­rios es a menudo am­bi­va­le­n­te: por un lado, una empresa quiere pre­se­n­tar­se lo mejor posible, de modo que los medios de co­mu­ni­ca­ción puedan co­n­tri­buir a una imagen positiva a través de sus re­po­r­ta­jes. Por otro lado, las empresas que no cumplen con sus re­s­po­n­sa­bi­li­da­des co­r­po­ra­ti­vas se arriesgan rá­pi­da­me­n­te a dañar su imagen si los pe­rio­di­s­tas se enteran de ello. Los re­pre­se­n­ta­n­tes de los medios de co­mu­ni­ca­ción no son en absoluto bie­n­ve­ni­dos en algunas in­s­ta­la­cio­nes de la empresa.

Dado que la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social de las empresas apenas está sujeta a los controles del Estado, los medios de co­mu­ni­ca­ción a menudo se sienten obligados a informar al público sobre su mala conducta. Una buena gestión de la RSC implica, en principio, un diálogo abierto y honesto con los medios de co­mu­ni­ca­ción: quienes no hacen nada indebido no tienen que temer demasiado a la prensa negativa. Sin embargo, es cierto que en muchas ocasiones los medios no informan tanto sobre el desempeño positivo de las empresas o no tanto como a las compañías les gustaría. Esto se debe a que una de las pri­n­ci­pa­les tareas de los medios de co­mu­ni­ca­ción es informar sobre las posibles malas conductas, si­m­ple­me­n­te porque la prensa debe funcionar como un in­s­tru­me­n­to de control sobre los tres poderes del estado.

Área externa de re­s­po­n­sa­bi­li­dad

Como parte de su re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va (RSC), muchas empresas no solo se co­n­ce­n­tran en los procesos internos, sino que también asumen la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social fuera de sus propias ope­ra­cio­nes. He aquí algunos ejemplos de lo que se puede incluir en esta área de re­s­po­n­sa­bi­li­dad externa:

Do­na­cio­nes

Las do­na­cio­nes co­r­po­ra­ti­vas son el medio más popular de de­sem­pe­ñar ac­ti­va­me­n­te la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va. Sin embargo, con fre­cue­n­cia, estas do­na­cio­nes están vi­n­cu­la­das a la venta de bienes y, por lo tanto, tienen por objeto co­n­tri­buir a aumentar las ventas, por ejemplo, pro­me­tie­n­do donar parte de los be­ne­fi­cios por producto vendido a una buena causa. Muchas empresas también pa­r­ti­ci­pan en eventos como maratones y galas de re­cau­da­ción de fondos en las que permiten la pa­r­ti­ci­pa­ción de los empleados. Por supuesto, todo esto aporta una buena pu­bli­ci­dad a las empresas, pero no disminuye el beneficio general de estas ac­ti­vi­da­des. Así que al final, los eventos de caridad como este son rentables para todos los in­vo­lu­cra­dos.

Pa­tro­ci­nios

A menudo, las empresas también cumplen con su re­s­po­n­sa­bi­li­dad social pa­tro­ci­na­n­do ini­cia­ti­vas es­pe­cia­les o apoyando a aso­cia­cio­nes que persiguen objetivos ca­ri­ta­ti­vos. A cambio, las in­s­ti­tu­cio­nes mencionan po­si­ti­va­me­n­te a las empresas, be­ne­fi­ciá­n­do­se de su aso­cia­ción con ellas. Con fre­cue­n­cia, las empresas también pueden mejorar su repu­tación entre los re­si­de­n­tes locales de esta manera, por ejemplo, pa­tro­ci­na­n­do proyectos de la ciudad y eventos re­gio­na­les.

Acciones sociales

Las empresas a menudo están di­s­pue­s­tas a dar tiempo libre a sus empleados si quieren llevar a cabo ac­ti­vi­da­des sociales. De hecho, esto puede llegar a estar regulado en los contratos de trabajo (co­n­ce­dié­n­do­se, por ejemplo, a cada empleado media jornada laboral por trimestre). En de­fi­ni­ti­va, muchas empresas están di­s­pue­s­tas a apoyar e incluso a pagar por las ac­ti­vi­da­des sociales de sus empleados (re­gi­s­tra­n­do estas ac­ti­vi­da­des como tiempo de trabajo).

Ejemplos de una apli­ca­ción positiva de la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va (RSC)

Cuando las empresas crean fu­n­da­cio­nes, promueven proyectos sociales y pa­r­ti­ci­pan en galas de re­cau­da­ción de fondos, se está poniendo en práctica una auténtica RSC. Sin embargo, la re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va también debe evaluarse en relación con el tamaño y el alcance de una empresa. Las empresas que operan a nivel mundial pero tienen su sede en un país rico también deberían extender su co­m­pro­mi­so social a los países más pobres, donde producen.

Las di­me­n­sio­nes de la RSC son muy diversas: una pequeña empresa local actúa de manera so­cia­l­me­n­te re­s­po­n­sa­ble cuando participa en un lugar de­te­r­mi­na­do, por ejemplo, pro­po­r­cio­na­n­do ayuda fi­na­n­cie­ra a in­s­ti­tu­cio­nes hu­ma­ni­ta­rias. Una pequeña inyección fi­na­n­cie­ra para el parque local de la ciudad también puede si­g­ni­fi­car una RSC positiva. A co­n­ti­nua­ción, te mostramos un par de ejemplos de empresas españolas que destacan, entre otras cosas, por trabajar co­n­s­ta­n­te­me­n­te en su re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va.

Mercadona

La conocida cadena de su­pe­r­me­r­ca­dos Mercadona, de capital 100 % español, tiene presencia en 17 Co­mu­ni­da­des Autónomas y cuenta con más de 1600 tiendas.

La re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va de esta cadena de su­pe­r­me­r­ca­dos se centra en tres aspectos:

  • El co­m­pro­mi­so con el medio ambiente, poniendo en marcha tiendas ecoe­fi­cie­n­tes gracias a la reducción de falsos techos, a sistemas que permiten la re­cu­pe­ra­ción del calor de la sala de máquinas, que po­s­te­rio­r­me­n­te se emplea para cli­ma­ti­zar los pasillos de cha­r­cu­te­ría, y al control de luces a través del empleo de sensores de presencia. La empresa también ha puesto en marcha un programa de re­uti­li­za­ción de productos y hace unos años que inició un programa de descarga nocturna si­le­n­cio­sa para no pe­r­ju­di­car el tráfico de la ciudad ni el descanso de los vecinos de sus tiendas. En 2003 el Ayu­n­ta­mie­n­to de Barcelona premió esta ini­cia­ti­va.
  • El co­m­pro­mi­so con la sociedad: en 2018 la cadena donó 8300 toneladas de alimentos a entidades sociales en todo el te­rri­to­rio español.
  • El co­m­pro­mi­so con los grupos de interés que, en este caso, son los pro­vee­do­res, los clientes y los tra­ba­ja­do­res. A pesar de las críticas que esta compañía ha recibido a través de diversos medios de co­mu­ni­ca­ción, lo cierto es que la Or­ga­ni­za­ción In­te­r­na­cio­nal del Trabajo (OIT) ha re­co­no­ci­do las buenas co­n­di­cio­nes de los tra­ba­ja­do­res de Mercadona.

Inditex

Inditex es una de las compañías de di­s­tri­bu­ción de moda más grandes del mundo y tiene sede en Arteixo (Coruña). Cuenta con casi 7500 tiendas y está presente en 202 mercados. La re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va cobra im­po­r­ta­n­cia en el grupo desde 2001, momento en el que crean un de­pa­r­ta­me­n­to es­pe­cí­fi­co para ello. La re­s­po­n­sa­bi­li­dad social de la empresa se centra en:

  • Gobierno co­r­po­ra­ti­vo de la compañía: entre otras muchas medidas llevadas a cabo por la compañía, en abril de 2017 Inditex repartió 42 millones de euros entre más de 88 000 empleados con más de dos años de an­ti­güe­dad.
  • Acción social: entre otras medidas, cabe mencionar la donación de 320 millones de euros a la sanidad pública española para mo­de­r­ni­zar la te­c­no­lo­gía para el tra­ta­mie­n­to y el dia­g­nó­s­ti­co del cáncer, y el reciente acuerdo con el Ma­s­sa­chu­se­tts Institute of Te­ch­no­lo­gy para financiar dos cátedras con el objetivo de in­ve­s­ti­gar sobre nuevos ma­te­ria­les textiles y su reciclado.
  • Medio ambiente: como parte de su co­m­pro­mi­so con el medio ambiente, Zara, la empresa insignia de Inditex, ha puesto en marcha una campaña de recogida de ropa usada para donarla a Cáritas y otras ONG.

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