El valor de los activos de una empresa no está grabado en piedra. Las crisis fi­na­n­cie­ras, las ca­tá­s­tro­fes naturales o las flu­c­tua­cio­nes del mercado pueden ocasionar de­va­lua­cio­nes im­pre­vi­s­tas de su valor. Tan pronto como se detecte un indicio de tal pérdida de valor de los bienes que se incluyen en el balance es el momento de llevar a cabo un im­pai­r­me­nt test o test de deterioro de activos. Gracias a esta va­lo­ra­ción se corrigen errores eve­n­tua­les en el balance y el valor real de la empresa se juzga más ade­cua­da­me­n­te.

Im­pai­r­me­nt: ¿qué se entiende por deterioro de un activo?

El término «im­pai­r­me­nt» no indica otra cosa que una de­va­lua­ción, es decir, que el valor actual de un activo ya no se co­rre­s­po­n­de con el valor contable (valor del activo re­gi­s­tra­do en los libros), lo que genera un error en el balance, pues si el valor de un activo se eleva en demasía, los be­ne­fi­cios y las pérdidas derivados podrían ser erróneos. En principio pueden de­te­rio­rar­se tanto los activos como los pasivos de un balance. Si bien existen di­fe­re­n­cias te­rri­to­ria­les que afectan a la co­n­ta­bi­li­dad de las empresas, los IFRS (In­te­r­na­tio­nal Financial Reporting Standards) es­ta­ble­cen la IAS 36 a nivel su­pra­na­cio­nal, con la NIC 36 como su equi­va­le­n­te español, como la norma que define el deterioro de activos y su cálculo. Solo quedan excluidos de ella (NIC 36, puntos 2-5) aquellos valores que ya son regulados por otros es­tá­n­da­res, como son, por ejemplo, las exi­s­te­n­cias (NIC 2), los in­s­tru­me­n­tos fi­na­n­cie­ros (NIC 39) o las in­ve­r­sio­nes in­mo­bi­lia­rias (NIC 40). La mayor parte del in­mo­vi­li­za­do de una empresa, como la ma­qui­na­ria, los au­to­mó­vi­les o los equipos in­fo­r­má­ti­cos, están sometidos a un deterioro por uso. Para este tipo de bienes se establece una amo­r­ti­za­ción si­s­te­má­ti­ca en la que los contables amortizan el in­mo­vi­li­za­do re­gu­la­r­me­n­te desde el momento de su inicio operativo hasta su venta, pérdida o desguace. Fuera de esta de­pre­cia­ción constante, la co­n­ta­bi­li­dad también prevé aquellos casos en que los activos, si bien se amortizan según el plan es­ta­ble­ci­do, también pueden verse afectados por pérdidas ine­s­pe­ra­das de valor, o aquellos otros con una vida útil in­de­fi­ni­da (los cuales no han de amo­r­ti­zar­se en plazos fijos). En ambos casos se ha de realizar un test de deterioro.

¿Cuál es la utilidad de un im­pai­r­me­nt test?

A nivel in­te­r­na­cio­nal son los IFRS o el NIIF (Normas In­te­r­na­cio­na­les de In­fo­r­ma­ción Fi­na­n­cie­ra) las normas que regulan la apli­ca­ción del im­pai­r­me­nt test, que consiste en un test de deterioro de obligada rea­li­za­ción y con el cual se trata de conocer el valor real de los bienes activos. Con esta in­fo­r­ma­ción puede emitirse una de­cla­ra­ción fiable sobre la situación actual de los activos, algo es­pe­cia­l­me­n­te si­g­ni­fi­ca­ti­vo para los in­ve­r­so­res. Según dice la NIC 36, es necesario llevar a cabo un test de deterioro siempre que se detecte un indicio de de­pre­cia­ción en un activo que podría proceder de evi­de­n­cias internas o externas (fuentes internas y externas en la NIC 36). Fuentes internas podrían ser, por ejemplo:

  • Evidencia de ob­so­le­s­ce­n­cia o deterioro físico de un activo
  • Cambios re­le­va­n­tes en el alcance o en la manera en que se usa o se espera usar el activo con un efecto de­s­fa­vo­ra­ble para la entidad por motivo de re­es­tru­c­tu­ra­cio­nes o in­te­rru­p­cio­nes
  • Evidencia que indica que el re­n­di­mie­n­to económico es o va a ser peor que el esperado

Entre las fuentes externas se en­cue­n­tran:

  • Di­s­mi­nu­ción del valor del activo en el mercado
  • Cambios de­s­fa­vo­ra­bles en el entorno fi­na­n­cie­ro y de mercado
  • Aumento de los tipos de interés de mercado
  • El importe en los libros de los activos es mayor que su valor en la bolsa

Los activos in­ma­te­ria­les con una vida útil ilimitada o que aún no se puede usar y los fondos de comercio (goodwill), en cambio, se han de someter cada año a este test de deterioro, aunque la fecha se puede elegir li­bre­me­n­te. Eso sí, en los años co­n­se­cu­ti­vos ha de ma­n­te­ne­r­se la fecha escogida la primera vez.

Hecho

Cuatro quintos del total de empresas hacen coincidir el im­pai­r­me­nt obli­ga­to­rio con el cierre anual.

Para ello, lo primero es definir el valor re­cu­pe­ra­ble (re­co­ve­ra­ble amount) del activo, que puede ser el valor neto rea­li­za­ble o el valor en uso:

  • Valor neto rea­li­za­ble: importe que la empresa puede obtener por su venta en el mercado, de­du­cie­n­do los costes estimados para llevar a cabo la tra­n­sac­ció­nn (en inglés se conoce como la fórmula “fair value less costs to sell”) o los costes estimados vi­n­cu­la­dos a su co­n­s­tru­c­ción o pro­du­c­ción (materias primas y productos en curso)
  • Valor en uso: valor actual de los flujos de efectivo futuros que se espera obtener de su uso en el curso normal del negocio (“value in use”).

El valor más alto entre ambos determina el valor re­cu­pe­ra­ble, que a co­n­ti­nua­ción se coteja con el valor contable o en libros (“carrying amount”), que equivale al valor de un activo tal como está re­gi­s­tra­do en el balance.

Si en este test se pone de relieve que el valor contable se sitúa por encima del valor re­cu­pe­ra­ble, estamos ante una de­va­lua­ción o im­pai­r­me­nt (deterioro). Como co­n­se­cue­n­cia, este deterioro se ha de amortizar hasta alcanzar el valor re­cu­pe­ra­ble.

Cómo hacer un test de deterioro del fondo de comercio: caso práctico

Cuando una empresa compra una compañía ha de pagar por ella el precio de compra que se ha fijado. Antes, el comprador calcula el valor de todos los activos (incluidas las deudas que ha asumido) de esa empresa, que pro­ba­ble­me­n­te es inferior al valor de compra. La di­fe­re­n­cia entre ambos valores se denomina fondo de comercio o goodwill y refleja el valor in­ma­te­rial de una empresa derivado de la suma de factores como la repu­tación, la clientela, la ex­pe­rie­n­cia, etc. El comprador acepta esta di­fe­re­n­cia porque parte de la su­po­si­ción de que los medios que compra co­n­lle­va­rán un beneficio en el futuro por las sinergias que generan derivadas de su potencial comercial, sus cuotas de mercado o sus pe­r­s­pe­c­ti­vas de beneficio, y que no se pueden calcular ari­t­mé­ti­ca­me­n­te.

Nota

El fondo de comercio puede ca­l­cu­lar­se según el método indirecto o alemán o según el método directo o an­glo­sa­jón. En el primero el valor de una empresa en fu­n­cio­na­mie­n­to es el de re­n­di­mie­n­to, por lo que el fondo de comercio resulta de la di­fe­re­n­cia entre el valor de re­n­di­mie­n­to y el valor su­s­ta­n­cial, que equivale al valor de compra o re­po­si­ción de todos los bienes y derechos de la empresa restando las deudas con terceros (pasivos exigibles). El método an­glo­sa­jón estima el fondo de comercio basándose en el su­per­re­n­di­mie­n­to, que equivale a la di­fe­re­n­cia entre el beneficio de la empresa y el que se considera normal en el sector o el contexto económico.

Veamos un ejemplo siguiendo el método indirecto de cálculo del fondo de comercio:

La compañía Albatros compra la empresa Bravo por 100 millones de euros, pero antes los expertos fi­na­n­cie­ros de Albatros han calculado un valor en activos de Bravo de 60 millones de euros: el fondo de comercio asciende entonces a 40 millones de euros.

El fondo de comercio aparece en el balance como activo y co­n­tri­bu­ye al valor global de la empresa, pero podría ocurrir que este fondo de comercio perdiera valor en el tra­n­s­cu­r­so de un año. Como bien in­ta­n­gi­ble, el fondo de comercio está obligado a someterse a un test de deterioro anual. Sin embargo, este valor carece de un flujo de efectivo que se pueda ide­n­ti­fi­car y tampoco se puede vender, lo que implica la necesidad de definir una unidad de eva­lua­ción que se llama unidad ge­ne­ra­do­ra de efectivo (en adelante, UGE) o Cash Ge­ne­ra­ti­ng Unit (CGU) en inglés. La UGE está en relación directa con el fondo de comercio y consiste en el grupo más pequeño de activos que genera entradas de efectivo in­de­pe­n­die­n­tes de las generadas por otros activos o grupos de activos. Según el principio de uni­fo­r­mi­dad (pri­n­ci­pios contables), esta UGE ha de ser constante de un periodo a otro (podría ser un de­pa­r­ta­me­n­to de la empresa que se adquiere).

La­me­n­ta­ble­me­n­te Bravo no va tan bien como se esperaba. Tra­n­s­cu­rri­do un año, Albatros constata que el valor en uso se sitúa en 70 millones de euros y su valor neto rea­li­za­ble en 80 millones de euros. Co­m­pa­ra­dos con el valor en libros de 100 millones de euros (80 millones € de valores en activos + 20 millones € de fondo de comercio), el valor re­cu­pe­ra­ble se sitúa en los 80 millones €, de forma que Albatros determina un deterioro del fondo de comercio valorado en 20 millones de euros.

En co­n­se­cue­n­cia, Bravo ha de amortizar su fondo de comercio para ajustar al balance a su valor real. En el caso de Albatros y Bravo, el fondo de comercio se amortiza en un 100 %, pero si después el fondo de comercio es superior al importe en libros, no se imputa en los libros. En este caso el importe en libros no varía.

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