Sentarse durante horas es pe­r­ni­cio­so para la salud y las es­ta­dí­s­ti­cas lo de­mue­s­tran. Un estudio llevado a cabo en 2014 por la Uni­ve­r­si­dad de Columbia en Nueva York demostró que el se­de­n­ta­ri­s­mo está re­la­cio­na­do con el aumento de la mo­r­ta­li­dad. La OMS declaró, asimismo, que al menos el 60 % de la población en todo el mundo no realiza la actividad física necesaria para estar sano.

El dolor de espalda es un mal ge­ne­ra­li­za­do en nuestra sociedad debido a la falta de ejercicio. El riesgo de de­sa­rro­llar cáncer o depresión, así como el de sufrir en­fe­r­me­da­des ca­r­dio­va­s­cu­la­res, aumenta con un estilo de vida se­de­n­ta­rio.

La razón de los efectos nocivos de estar sentado es sencilla: nuestro cuerpo no está hecho para quedarse quieto durante largos períodos de tiempo. Nuestro sistema músculo-es­que­lé­ti­co apenas ha cambiado desde la Edad de Piedra y nuestros an­te­pa­sa­dos, cazadores y re­co­le­c­to­res, estaban, a di­fe­re­n­cia de nosotros, en constante mo­vi­mie­n­to.

Ma­n­te­ne­r­se activo pese al co­n­fi­na­mie­n­to

Durante la pandemia, no es posible mantener muchas de las re­co­me­n­da­cio­nes de salud al respecto del ejercicio en la oficina, ya que, con el fin de decelerar o in­te­rru­m­pir la expansión del COVID-19, la mayor parte de la población se encuentra hoy aislada en sus viviendas. Aquellos empleados cuyas pro­fe­sio­nes lo permiten trabajan a distancia y solo ven a sus co­m­pa­ñe­ros en la pantalla –en­co­n­trar­se en el gimnasio o el estudio de yoga ya no es posible, puesto que pe­r­ma­ne­cen cerrados mientras dure la alarma sanitaria. Pese a todo, es im­po­r­ta­n­te mantener una cierta actividad corporal también, o pre­ci­sa­me­n­te, cuando se trabaja en casa para compensar la falta de mo­vi­mie­n­to. Los eje­r­ci­cios que pre­se­n­ta­re­mos son idóneos también para realizar en casa mientras se trabaja.

Los cursos en línea están ganando también una gran po­pu­la­ri­dad como una manera de fomentar el mo­vi­mie­n­to en el día a día de muchos ha­bi­ta­n­tes en situación de co­n­fi­na­mie­n­to. Gracias a la te­c­no­lo­gía de la vi­deo­co­n­fe­re­n­cia, hoy a di­s­po­si­ción de la gran mayoría de usuarios, puede asistirse a cursos o se­mi­na­rios de danza, yoga o fitness sin moverse de casa. Aquellos que disfrutan de re­s­tri­c­cio­nes más ligeras, pueden optar por hacer algo de deporte al aire libre, siempre y cuando se respete la distancia de seguridad re­co­me­n­da­da con los tra­n­seú­n­tes. Conviene in­fo­r­mar­se antes, de todos modos, de cómo se ha regulado el co­n­fi­na­mie­n­to en cada localidad, puesto que las re­s­tri­c­cio­nes varían mucho incluso en una misma región.

La falta de ejercicio en la oficina y sus peligros para la salud

La falta de deporte y el estar sentado durante muchas horas aumenta el riesgo de sufrir en­fe­r­me­da­des. Problemas como la tensión muscular o el dolor de espalda afectan ya incluso en los inicios de la vida pro­fe­sio­nal, pero las co­n­se­cue­n­cias a largo plazo son mucho más graves. Lo mismo se aplica a las personas que están de pie in­i­n­te­rru­m­pi­da­me­n­te en puestos de trabajo fuera de la oficina. En estos casos, las venas, y por lo tanto el sistema ca­r­dio­va­s­cu­lar, se so­bre­ca­r­gan.

Algunos daños después de una larga vida laboral son irre­pa­ra­bles. Por ello, es im­po­r­ta­n­te tener en cuenta los efectos de la falta de ejercicio en la oficina:

  • En­fe­r­me­da­des ca­r­dio­va­s­cu­la­res: sentarse durante horas no exige la actividad cardiaca su­fi­cie­n­te para ma­n­te­ne­r­se sano. Gra­dua­l­me­n­te el corazón puede atro­fiar­se y so­bre­ca­r­gar­se rá­pi­da­me­n­te en si­tua­cio­nes de actividad física. Como la falta de ejercicio también aumenta la presión arterial, el riesgo de ataque cardíaco y de derrame cerebral aumenta. Con lo que respecta al corazón, la falta de ejercicio es incluso más peligrosa que fumar.
     
  • Obesidad: las personas que realizan poco ejercicio en el trabajo consumen menos calorías. Esto hace que aumenten de peso y que tengan problemas me­ta­bó­li­cos como la re­si­s­te­n­cia a la insulina. Una co­n­se­cue­n­cia grave del sobrepeso es la diabetes tipo 2.
     
  • Problemas de espalda: tendemos a adoptar po­si­cio­nes de­s­fa­vo­ra­bles para nuestra espalda cuando nos sentamos durante mucho tiempo. La presión sobre los discos in­te­r­ve­r­te­bra­les es muy grande si nuestra espalda no se encuentra recta. La mu­s­cu­la­tu­ra también puede verse afectada. Incluso en edades tempranas puede co­me­n­zar­se a tener dolores de espalda o incluso hernias discales.
     
  • Atrofia muscular y ósea: una postura de­s­fa­vo­ra­ble puede llevar a la co­n­tra­c­ción y al aco­r­ta­mie­n­to de los músculos. Esto puede conllevar tensión en el área del cuello y los hombros, lo que a su vez a menudo causa dolores de cabeza. Un menor aporte de nu­trie­n­tes a las células como co­n­se­cue­n­cia de la falta de mo­vi­mie­n­to tiene co­n­se­cue­n­cias a largo plazo: a partir de los cincuenta años, el riesgo de de­sa­rro­llar artrosis u os­teo­po­ro­sis aumenta.
     
  • En­fe­r­me­da­des mentales: en el trabajo se dan con fre­cue­n­cias si­tua­cio­nes co­m­pli­ca­das y cuando nos sentamos durante muchas horas, al cuerpo le resulta más difícil de­s­co­m­po­ner las hormonas del estrés. El resultado es una sensación de estrés pe­r­ma­ne­n­te. La falta de mo­vi­mie­n­to también hace a las personas más propensas a la depresión.
     
  • Cáncer: la actividad se­de­n­ta­ria aumenta el riesgo de de­sa­rro­llar cáncer de colon, pulmón o útero.

Ejercicio en el trabajo: consejos para trabajar en la oficina de manera saludable

Los peligros para la salud de la vida en la oficina son, por lo tanto, mayores de lo que muchos suponen. La buena noticia es que el ejercicio es re­la­ti­va­me­n­te fácil de integrar en nuestra rutina laboral. Llevando a cabo algunas rutinas de sencillos eje­r­ci­cios, el bienestar físico en tu lugar de trabajo mejorará no­ta­ble­me­n­te.

Sin embargo, en primer lugar, estaría bien desmontar algunos mitos. Un lugar de trabajo er­go­nó­mi­co es sin duda im­po­r­ta­n­te para adoptar una postura saludable para el cuerpo. Entre otras cosas, la altura de la silla y la mesa, así como la distancia al monitor y la posición de éste, juegan un papel muy im­po­r­ta­n­te. Sin embargo, pe­r­ma­ne­cer en esta postura in­de­fi­ni­da­me­n­te tampoco le hace bien al cuerpo. Por lo tanto, un lugar de trabajo er­go­nó­mi­co no es la panacea, y ninguna posición es de por sí be­ne­fi­cio­sa a largo plazo. Lo ideal es intentar pe­r­ma­ne­cer en mo­vi­mie­n­to. Por este motivo, está permitido dejarse caer en la silla de la oficina de vez en cuando, de­s­li­zar­se hasta el borde delantero del asiento durante un corto periodo de tiempo, y en general, cambiar a menudo de posición. Lo im­po­r­ta­n­te es evitar una postura estática e intentar moverse con re­gu­la­ri­dad.

¿Haces deporte al terminar tu día laboral? Esto es algo muy positivo, pero no es su­fi­cie­n­te. Es erróneo pensar que el hacer ejercicio al salir de trabajar puede paliar los estragos de pasar tantas horas en la silla.

Lo correcto sería integrar con asiduidad el mo­vi­mie­n­to en tu vida cotidiana en la oficina. No te preocupes, para ello no tendrás que hacer acro­ba­cias en el trabajo. Los mo­vi­mie­n­tos simples rea­li­za­dos con re­gu­la­ri­dad pueden tener un efecto muy positivo. Te pre­se­n­ta­mos algunos consejos.

Hacer pequeñas pausas

En general, es aco­n­se­ja­ble hacer pequeñas pausas para moverse tan a menudo como sea posible. Lo ideal sería le­va­n­tar­se al menos tres veces cada hora. Esto ayuda a estimular la ci­r­cu­la­ción y a aliviar la tensión muscular. Es re­co­me­n­da­ble que las personas pasen un total de quince minutos cada hora de pie. Además, sería co­n­ve­nie­n­te estar en mo­vi­mie­n­to activo durante unos cinco minutos, por ejemplo, caminando o haciendo algún ejercicio.

Descansar la vista: la pausa de pantalla

Esto es algo fácil de mejorar para aquellos que trabajan desde casa o como autónomos y que pueden ad­mi­ni­s­trar su tiempo li­bre­me­n­te. Si trabajas en una oficina, sin embargo, usa tus descansos sin sentir re­mo­r­di­mie­n­to. Los descansos para personas que trabajan delante de una pantalla son muy im­po­r­ta­n­tes y deben in­ce­n­ti­var­se por parte del jefe. Es im­po­r­ta­n­te hacer un descanso si tus pies empiezan a ho­r­mi­guear o sientes tensión en el cuello o dolor de cabeza.

Hacer algunas tareas de pie

Ponte de pie cuando leas tu correo o llames por teléfono. Si tienes móvil, también puedes subir y bajar las escaleras mientras haces tus llamadas. Intenta hablar con tus colegas en persona y evita hacer llamadas te­le­fó­ni­cas aunque trabajen en un piso diferente. Si tienes espacio para caminar en tu oficina, intenta usarlo siempre que puedas.

La pausa para el café y el paseo al baño también son buenas ocasiones para relajar los músculos. También es re­co­me­n­da­ble usar las escaleras en lugar del ascensor. Es buena idea organizar las he­rra­mie­n­tas de la oficina de manera que haya que le­va­n­tar­se a menudo para uti­li­zar­las. Por ejemplo, se puede colocar la papelera o la impresora en el otro extremo de la ha­bi­ta­ción y el teléfono a una distancia en la que no se pueda descolgar sin le­va­n­tar­se. Cuando intentes alcanzar do­cu­me­n­tos u objetos en estantes altos, aprovecha el momento para realizar un ejercicio de es­ti­ra­mie­n­to.

Lo mismo se aplica a los trabajos en los que se debe estar de pie co­n­s­ta­n­te­me­n­te. En estos trabajos también debes moverte tan a menudo como sea posible y cambiar tu posición. Los cambios de postura aseguran que la sangre circule mejor y las venas se alivien. Para lograrlo, puedes desplazar tu peso de una pierna a la otra, por ejemplo, o ponerte de puntillas o talones de vez en cuando.

Almuerzos más activos y deporte en el trabajo

Algo muy re­co­me­n­da­ble es apro­ve­char las pausas largas, como la del almuerzo, para ponerse en marcha y volver al es­cri­to­rio lleno de energía. Los eje­r­ci­cios cortos son fáciles de hacer en cualquier lugar y momento. Sin embargo, a veces no todos se atreven a hacer estos pequeños es­ti­ra­mie­n­tos delante de todos los co­m­pa­ñe­ros de la oficina.

Breve en­tre­na­mie­n­to en la sala de reuniones

¿Te has informado de si hay ha­bi­ta­cio­nes con más pri­va­ci­dad en tu oficina? El servicio o las salas de reuniones libres pueden ser adecuados para una pequeña sesión de en­tre­na­mie­n­to. De lo contrario, muchas veces también hay salas de descanso o salas de deporte en las oficinas, o quizá puedas encontrar una escuela de yoga o un parque cercanos a tu lugar de trabajo.

Paseos en la pausa

Los paseos cortos alrededor de la manzana también son útiles y ayudan a so­bre­lle­var la so­m­no­le­n­cia que aparece después de la comida. La forma más efectiva de caminar es mantener una postura erguida y dejar que los brazos se muevan li­bre­me­n­te. Es im­po­r­ta­n­te que camines a un ritmo con el que no te quedes sin aliento durante una co­n­ve­r­sa­ción. Por lo tanto, no se re­co­mie­n­da caminar demasiado rápido. Un paseo a mediodía puede estimular la ci­r­cu­la­ción y el me­ta­bo­li­s­mo, así como fo­r­ta­le­cer los músculos del sistema músculo-es­que­lé­ti­co y el sistema in­mu­no­ló­gi­co.

Caminar hasta el trabajo

El trayecto al trabajo también ofrece una gran opo­r­tu­ni­dad para hacer más activa la jornada laboral. Si dejas tu coche en el garaje o no coges el autobús y en lugar de eso caminas o coges tu bici, co­me­n­za­rás tu día de trabajo más ac­ti­va­me­n­te. Para di­s­ta­n­cias más largas, es posible aparcar el coche cerca o bajarse dos paradas antes en lugar de conducir di­re­c­ta­me­n­te hasta el lugar.

Deporte co­r­po­ra­ti­vo

Muchas empresas cubren los costes de las ac­ti­vi­da­des de­po­r­ti­vas o las apoyan con una co­n­tri­bu­ción fi­na­n­cie­ra. Algunas incluso ofrecen cursos en sus propias oficinas antes de empezar el trabajo, durante la hora del almuerzo o después del trabajo. Infórmate sobre estas ofertas, quizá existen o podrían in­tro­du­ci­r­se. Esto es algo también be­ne­fi­cio­so para la dirección, ya que las personas que están en forma tienen muchas menos pro­ba­bi­li­da­des de contraer en­fe­r­me­da­des. Otra idea es organizar un grupo para correr o practicar algún deporte entre los co­m­pa­ñe­ros de trabajo. Al hacer deporte juntos, es más fácil motivarse mu­tua­me­n­te.

Los si­guie­n­tes deportes son muy adecuados para las personas que se sientan fre­cue­n­te­me­n­te en el trabajo y que a menudo tienen problemas de espalda:

  • Nadar: los deportes acuáticos alivian las ar­ti­cu­la­cio­nes y la tensión. La mejor técnica es nadar de espalda.
     
  • En­tre­na­mie­n­tos de fuerza: ya sea con tu propio peso corporal o con pesas, si sufres de problemas de espalda, es im­po­r­ta­n­te fo­r­ta­le­cer los músculos que es­ta­bi­li­zan la columna vertebral.
     
  • Bailar: los mo­vi­mie­n­tos rápidos relajan los músculos, la columna vertebral y aportan fle­xi­bi­li­dad a las ar­ti­cu­la­cio­nes. Además, los bai­la­ri­nes practican mo­vi­mie­n­tos inusuales y suelen adoptar la postura recta en la vida cotidiana.
     
  • Yoga: muchos eje­r­ci­cios de yoga se centran en los músculos del tronco, muy im­po­r­ta­n­tes para una buena postura, y estiran las partes tensas de la mu­s­cu­la­tu­ra. Las se­cue­n­cias de re­la­ja­ción también ayudan a reducir el estrés.
     
  • Correr: lo bueno de esta actividad es que puedes hacerla en cualquier lugar, no requiere de pre­pa­ra­ción y no necesitas casi nada excepto un par de za­pa­ti­llas. Es im­po­r­ta­n­te que las za­pa­ti­llas que utilices tengan una buena amo­r­ti­gua­ción. Sin embargo, correr en asfalto no es una opción re­co­me­n­da­ble para las personas con problemas de ar­ti­cu­la­cio­nes.

Eje­r­ci­cios para la oficina

A co­n­ti­nua­ción, te ofrecemos algunos eje­r­ci­cios cortos y sencillos de hacer. Antes de pra­c­ti­car­los, te damos algunas re­co­me­n­da­cio­nes: si es la primera vez que haces los eje­r­ci­cios, debes co­n­ce­n­trar­te y tener paciencia. De esta manera, in­te­rio­ri­za­rás mejor los mo­vi­mie­n­tos. Los eje­r­ci­cios cortos solo son efectivos si se realizan con re­gu­la­ri­dad. Re­co­me­n­da­mos rea­li­zar­los varias veces al día y en varios días la­bo­ra­bles.

Para empezar, puede ser útil hacer un ca­le­n­da­rio de eje­r­ci­cios. Con el tiempo, los eje­r­ci­cios se co­n­ve­r­ti­rán en una rutina, pero, para empezar, puedes usar notas como re­co­r­da­to­rio. Las re­co­m­pe­n­sas también pueden ayudar a motivarte, por ejemplo, puedes pe­r­mi­ti­r­te un trozo de chocolate por cada ejercicio que realices. Para motivarte, ten presente que estás haciendo algo bueno por tu cuerpo y pre­vi­nie­n­do en­fe­r­me­da­des re­la­cio­na­das con el trabajo se­de­n­ta­rio.

Los si­guie­n­tes cuatro eje­r­ci­cios también han sido re­co­me­n­da­dos por pro­fe­sio­na­les para prevenir problemas de espalda. Todos los eje­r­ci­cios duran un máximo de cinco minutos y se pueden hacer desde tu silla:

Ejercicio 1: eje­r­ci­cios ce­r­vi­ca­les

Girar el cuello sua­ve­me­n­te relaja las vértebras y libera la tensión de la zona. Comienza girando sua­ve­me­n­te la cabeza hacia la izquierda, le­va­n­ta­n­do li­ge­ra­me­n­te la barbilla sin estirar demasiado la cabeza. Luego vuelve a llevar la cabeza al centro, mirando al frente y acercando la barbilla li­ge­ra­me­n­te hacia el pecho. Luego gira la cabeza a la derecha y repite todas las in­s­tru­c­cio­nes varias veces, idea­l­me­n­te cinco.

Ejercicio 2: giro de hombros

Al girar los hombros se relajan los músculos que rodean esta zona. Es im­po­r­ta­n­te que dejes caer los brazos y que solo tus hombros lleven el mo­vi­mie­n­to. Flexiona los hombros li­ge­ra­me­n­te, pero nunca hasta las orejas. Luego gira tus hombros en círculo cinco veces hacia adelante y cinco veces hacia atrás.

Ejercicio 3: le­va­n­ta­mie­n­to de pecho

La zona de la columna torácica también es im­po­r­ta­n­te. Lo primero que debes hacer es relajarte y dejar que tus hombros se hundan hacia delante. Luego debes sacar pecho y estirar tus hombros hacia atrás mientras inspiras pro­fu­n­da­me­n­te.

Ejercicio 4: es­ti­ra­mie­n­tos de espalda

La lordosis es un defecto postural común que afecta a la columna lumbar. Coloca las manos en la parte inferior de tu espalda, una encima de la otra. Tensa los músculos del abdomen y los glúteos mientras inspiras. Cuando exhales, relaja de nuevo la mu­s­cu­la­tu­ra. Repite el ejercicio varias veces.

Ejercicio 5: le­va­n­ta­mie­n­to de brazos

A co­n­ti­nua­ción, te pre­se­n­ta­mos un vídeo con más eje­r­ci­cios de espalda. El primer ejercicio que se explica es fácil de hacer y puede rea­li­zar­se tanto sentado como de pie. Es adecuado para estirar los brazos y la columna vertebral. Para ello, lleva ambos brazos hacia arriba por encima de tu cabeza. Mantén un brazo li­ge­ra­me­n­te doblado y estira el otro más hacia arriba hasta que sientas que estiras tus músculos. Haz este ejercicio al­te­r­na­n­do con el brazo derecho y el izquierdo.

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